¿Un hacker puede ser maestro?

 
 
Bienvenido Gazapo. Profesor de la Facultad de Artes y Comunicación en la Universidad Europea de Madrid.

Jorge Jiménez presentó el pasado mes de mayo su DEA

El día 26 de mayo, el Profesor Jorge Jiménez Ramírez, de la Facultad de Artes y Comunicación, defendió su trabajo de investigación para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados (DEA), titulado El aprendizaje del Hacker. Consideraciones para un modelo educativo en la sociedad de la información, inscrito en el Programa de Doctorado titulado “Comunicación, auge tecnológico y renovación sociocultural, dirigido por la Dra. Celia Rico Pérez.

Fue una interesante reflexión, expuesta con nitidez y brevedad (siguiendo la máxima de nuestro Gracian, “lo bien dicho se dice presto”), y defendida con pasión:

Tres afirmaciones contundentes: 1ª, “los cambios sociales provocan también cambios en la forma de aprender, y por lo tanto, estos nos deberían  inducir a cambios en los procesos educativos; 2ª, la forma de aprendizaje de los hackers es la consecuencia de los nuevos paradigmas sociales; 3ª, si tenemos que pensar en nuevos esquemas que salven la brecha entre la educación (específicamente la educación superior y universitaria) y la sociedad, se debe tener en cuenta su ejemplo para aplicarlo en el desarrollo del proceso de aprendizaje” (Introducción, p. 5).

Tras describir los rasgos de la sociedad informacional y de la Universidad en la actualidad (parte primera de su estudio), pasó a definir el concepto de hacker y su filosofía, popularizada desde el año 1984 por el periodista estadounidense Steven Levy (Hackers: Heroes of the Computer Revolution): “alguien que utiliza la tecnología y los medios para aprender a su aire sobre lo que le gusta y crear obras en beneficio de la comunidad, que en reciprocidad le beneficia con prestigio” (p. 40). En su análisis, aparecieron aspectos positivos de esta tendencia posmoderna que recupera aspectos positivos de la de la Edad Media (“comunidad, no individuo” (p.20); corporativ, “magisterial”, gremial (p.60). La comunidad educativa es más que nunca una verdadera UNIVERSITAS), y otros no tanto, que merecen al menos una atenta observación, si no de preocupación: la sustitución de los espacios físicos y las naciones (elementos próximos al hombre) por redes complejas transnacionales (p. 17-19) o la aparición de una generación técnológicamente hábil, pero excepcionalmente ingenua” (p. 62)

Ofreció en tercer lugar varias consideraciones para la puesta en práctica de esta innovación, desde las metodológicas, de programación, de actualización del profesor, diseño material del aula, etc.).

Fue insoslayable el tema de los maestros. Citó a dos de ellos, Ortega y Gasset y  Giner de los Ríos, como portavoces de una reforma de la Universidad española a comienzos del siglo XX que la sacara del anquilosamiento en que se encontraba. Ortega, sin despreciar la ciencia y la investigación (sin las cuales la Universidad terminaría degenerando en un “sarmentoso escolasticismo”) habló de colocar la cultura (definida por él como “conjunto de ideas vitales, ideas vivas, que cada tiempo posee, que guían la existencia humana y justifica las decisiones que en cada momento adopta el hombre”), no la ciencia en las tareas universitarias. D. Francisco Giner también se opuso a aquella aristocracia intelectual “compuesta sólo de sabios y listos”. Pero Giner ha pasado a la historia no tanto por sus críticas a la Universidad Española cuanto por su categoría de educador personalista, que “administraba el sacramento de la palabra” (Zulueta, Boletín de la ILE, 1915, p. 46). Su enseñanza de clase se difundía a la “vida afectiva, a la moral, a la personalidad entera” (Palacios. Nota al tomo XII de las O. C. de Giner).

Su exposisión provocó un inevitable e interesante debate sobre el papel del profesor en esa universidad del siglo XXI (¿aprendizaje sin maestros?; maestros ¿solamente instructores, monitores?; ¿puede ser un hacker un maestro como lo fue Giner de los Rios?), y sobre horizontes culturales, pues ¿hasta qué punto este nuevo horizonte cultural no puede convertires en campo de manipulación y alienación de la sociedad en manos de una elite que domina la comunicación?

Los muchos trabajos de final de curso, acaso impidieron a la comunidad educativa dedicarle atención. Pero se abre un apasionante campo de debate pedagógico. Alguien se ha atrevido a preguntarse atreve a sugerir soluciones…