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Yo soy yo y mis circunstancias

Ante la insistencia de los dirigentes de CiU en alcanzar la independencia de Cataluña tal como se ha vuelto a plantear el pasado fin de semana en el congreso de Convergencia Democrática de Cataluña en Reus, se me ocurre que podríamos cambiar el nombre de éste, nuestro país (España), por el de Cataluña. Total ¿qué más da llamarse de tal o cual manera?, lo importante es y será que estemos todos  juntos, unidos, caminando en la misma dirección y con los mismos intereses y anhelos.   

Mohamed Lemrini
Mohamed Lemrini

Mohamed Lemrini El Ouahhabi

Esta, aunque podría parecer una idea descabellada, puede tener algo de lógica, y si no, tiempo al tiempo. Con ello, por lo menos podríamos convencer a los separatistas, sean catalanes, vascos, gallegos o andaluces de que, nos llamemos como nos llamemos, seguiremos siendo los mismos. Hispanos, íberos, españoles, mozárabes, vascos, murcianos o catalanes; seguiremos teniendo la misma historia, el mismo bagaje y, por supuesto, el mismo fin.  

Bueno y aprovechando la coyuntura, podríamos hacer que este nuevo Estado denominado Cataluña, deje de ser monárquico y se convierta en una república y, para no discutir sobre el color de la bandera, podríamos tomar el arco iris, que es tan natural como él mismo, como insignia del nuevo engendro. Total no dejaremos de ser lo que somos y, más aún, seguiremos siendo lo que somos.  

Por cierto, ¿saben los separatistas catalanes, a ciencia cierta, cuál es su origen?, ¿de dónde vienen sus antepasados?, ¿dónde terminarán emigrando sus nietos? y ¿dónde irán a parar sus hijos? ¿Por qué quieren estar solos si lo que mola ahora es juntarse, asociarse, adherirse para formar grandes equipos?

Pienso que están equivocados y exhorto a los políticos a que dejen de crear conflictos a los ciudadanos, a que no les hagan creer en cosas inciertas, como por ejemplo que estando separados les va a ir mejor. Del mismo modo que exhorto a los ciudadanos de que no hagan caso a los políticos por ser embaucadores, mentirosos y liantes.

Separarse, independizarse,.. qué palabras más duras. Ello sólo nos conduciría al desmembramiento de lo que tenemos y hemos conseguido hasta ahora. No se trata de continuar una reforma que empezó tras la muerte de Franco, ni es la continuación de la Transición iniciada entonces. Es descabellado y por eso se propone el cambio de nombre.  Además, ¿qué más da llamarse Spain que Catalonia? Más aún, creo que pronunciar Spain es más fácil, dulce y meloso que decir Catalonia.  Pero nosotros seguiremos pronunciando la “ñ” de Cataluña como debe ser y que se fastidien los que no puedan pronunciarla.

Y, que se tenga en cuenta, que el cambio que se propone será tomado con todo cariño y con todo respeto. Es una propuesta que creemos válida y hasta lógica. Y, ahora que estamos de recortes, conseguiremos ahorrar en embajadas, embajadores y representantes y así, seguramente, podremos comer más y mejor jamón y beber buen cava y buenos caldos.

Y si no, y aunque está mal ponerse de ejemplo, mírenme ustedes a mí. Soy español de origen marroquí; pero no se sabe, o por lo menos yo no tengo constancia aunque sí presentimiento, de que mis antepasados habitaban y comercializaban en la legendaria Granada, antes de la expulsión de moros y judíos. Pero y antes de eso?… Personalmente no llego más allá, y no me importa. Lo que importa es que vivo (mejor o peor, pero siempre con una sonrisa) en esta parte del mundo, hoy por hoy en el siglo XXI después de Cristo. He recibido una educación, unas enseñanzas que me permiten relacionarme con los demás siguiendo, claro está, unas normas establecidas que, de entrada valen para todos, y que sea lo que sea, yo soy yo y mis circunstancias aunque algunos no lo vean así.